El Carnaval

Comparsa Rosas y Claveles

En la Fiestas de Carnaval, solían reunirse, allá por los años 45´,vecinos del lugar, invitados a una señalada. Allí se compartía entre los presentes; asado de cordero, mote de habas, choclos y quesos de cabra, para beber no faltaba la chicha, ni escaseaba la mistela.Entonados por las bebidas, el dueño de casa, invitaba a los carnavaleros a pasar al corral, cada uno con su caja enflorados de albaca, perfumados de talco, embebidos por la tierna chicha de maní y maíz. Era entonces, el momento de agradecer, a la Madre Tierra, por permitir la multiplicación de los chivos y corderos.
Al caer la tarde, las ruedas de cajas y coplas se dejaban oír sus voces, no cesaba el sonido del sordo erquencho de Don Amadeo Mamaní, ni el flamear de la bandera blanca, símbolo de la señalada que ofrecía a los invitados.En los días subsiguientes se repetían las señaladas hasta el miércoles de cenizas en el que se enterraba el carnaval.
Con este breve relato, se dio a la esencia, a los que hoy es una comparsa. Estos acontecimientos se fueron repitiendo durante los carnavales posteriores. Llegado el año 1.956, comienza a integrarse aún en las señaladas, las anatas, instrumento ejecutado por anónimos que gustaban de esa música. Reunidos los vecinos, en el entierro del carnaval, se decide llevar una bandera que identificara al grupo del resto de las comparsas. Se elige, a un vecinzo como presidente siendo Don Joaquín Gutiérrez y Sra. Adrián Cachambi y Sra., como vicepresidente, surge en ese entonces, la Comparsa Unidos del Sud. Durante los años 1.957 – 1.958, Los Unidos del Sud, llevan consigo las cajas que acompañan a las coplas en cada señalada.Surgen nombres como erquenchos de la comparsa Don Amadeo Mamani, Don Justino Llanos, Vicente Román, Ignacio Ocampo, Juan Ocampo y otros.