Ritos y Costumbres

Introducción

José Ferrater Mora sostiene que el problema de la naturaleza de la creencia ha suscitado en el curso de la historia múltiples dificultades. Por un lado se ha identificado la creencia con la fe, y se ha opuesto al saber. Por el otro, se ha sustentado que todo saber era la constitución de la fe. El en sentido más subjetivo de la expresión, la creencia aparecerá, por lo tanto, como algo opuesto también al saber y, en cierta medida, a la opinión, pero al mismo tiempo, como algo que puede fundamentar, por lo menos de un modo inmanente todo saber.
Por otro lado tenemos que la superstición tan comúnmente extendidas como la creencia de que determinados actos, palabras o números pueden atraer la mala suerte o propiciar la buena fortuna se remontan a las antiguas prácticas mágicos – religiosas con las que el hombre intentaba explicar hechos incomprensibles para su inteligencia.
La superstición puede definirse como aquella creencia o práctica ajena a toda explicación lógica y derivada de un temor irracional ante hechos inexplicables de la naturaleza. La deformación de ritos religiosos, generalmente aceptados, o la supervivencia de prácticas que han perdido su primitivo valor religioso constituyen el origen de numerosas supersticiones. Tal es el caso de los conjuros, ensalmos, amuletos y, en general, toda afirmación, tienen en su base una creencia. Es obvio que en cada caso se ha entendido por "creencia" una realidad distinta.
Las distinciones establecidas parecen querer situar el problema de la creencia distinguiéndola no solamente de la fe, sino también de la ciencia y de la opinión. En la medida en que se aproxime a la fe, la creencia designará siempre una confianza manifestada en un asentimiento subjetivo, pero no enteramente basada en él. En efecto, en lo que respecta por lo menos a la idea de creencia dentro del cristianismo, resulta incomprensible sino se une a ella la realidad del testimonio y precisamente de un testimonio que posee la autoridad suficiente para testimoniar. En cambio, en la medida en que se aleje de la fe estricta, la creencia gravitará siempre más hacia el lado del asentimiento subjetivo y cortará toda la trascendencia que es indispensable para la constitución de la fe.
Las creencias y supersticiones en la Quebrada de Humahuaca constituyen un tema amplio y difícil de abordar, debido a las variadas facetas que presenta, aunque lo primero que debemos precisar es su contexto andino dentro del pensamiento religioso. Hablar de religión andina no resulta para nada fácil, tampoco el hacer precisiones. Primero, porque nuestra religiosidad no tiene un discurso sino una práctica. Segundo, porque es totalmente diferente a la religión dogmática que impusieron en el proceso de conquista y coloniaje y tercero, porque después de cinco siglos de etnocidio estamos aún en el proceso de recuperar sus expresiones más profundas.

¿Qué es la religión?

Una cosa es lo que los hombres creen sobre la divinidad o lo supremo y otra distinta, pero vinculada, el modo en que buscan relacionarse con ellos o rendirles culto o adoración y de manifestarle sus deseos y sentimientos. Es decir, el fenómeno religioso.
"Religión es un sistema solidario de creencias y prácticas relativas a las cosas sagradas que unen una misma comunidad moral, llamada iglesia, a todos aquellos que se adhieren a ella. No existen en el fondo religiones falsas. Todas son verdaderas a su modo y todas responden, aunque de maneras diferentes, a condiciones dadas de la existencia humana. Sin duda, no es posible disponerlas según un orden jerárquico. Unas pueden considerarse superiores a las otras en el sentido que ponen en juego funcione mentales más elevadas, o que son más ricas en ideas y sentimientos, o que entran en conceptos más profundos y poseen una más sabia sistematización. Pero por reales que sean estas diferencias entre religiones, no bastan para ubicarlas en géneros separados. Todas son igualmente religiones, como todos los seres vivos son igualmente seres vivos, hasta el más humilde protozoario hasta el hombre " (Durkheim, 1.968).
En la base de todos los sistemas de creencias y de todos los cultos hay un cierto número de representaciones fundamentales, de actitudes rituales y de elementos que tienen similar significación objetiva y cumplen las mismas funciones en las diversas religiones.
Estos elementos permanentes de la religiosidad, como son: lo sobrenatural, lo divino, lo sagrado, lo crístico, etc. son los elementos que constituyen lo que hay de eterno y humano en la religión que sustenta la moral de los pueblos.
Para la religiosidad andina no existe lo sobrenatural: todo es natural y, si bien no podemos explicarlo todo de inmediato, si podemos intuirlo y presentirlo en un esfuerzo para concebir lo inconcebible, para expresar lo inexpresable y para entender la omnipresencia de algo que supera a la inteligencia. Esto lo confirma el cronista aymara Pachacuti Yamqui cuando recuerda en su crónica el diálogo del Malku Mango Capac con las wakas:
"Wiracocha, el mayor del universo, dónde estás?
Seas tu hombre, seas mujer,
Desde el mar de arriba en que permaneces,
Desde el mar de abajo en que estás,
¡Escúchame!
La religión formal es una expresión cultural y la cultura es la respuesta al medio ambiente y a la geografía. La religión no es tan solo un sistema de prácticas, fiestas, y de ritos, en una palabra no es solamente el culto, sino, principalmente es un sistema de ideas cuyo objeto es respetar y cuidar a la tierra y sus habitantes. Este sistema de ideas va a constituir la herencia de los pueblos. Porque una sociedad no está constituida simplemente por la masa de individuos que la componen, por el suelo que ocupan, por las cosas de que se sirven, por los movimientos que efectuan , sino ante todo por su visión y entendimiento del cosmos y por las forma como entienden y manejan la naturaleza y el PACHA. Según la cosmovisión andina PACHA es:
- la unidad indivisible del espacio y tiempo
- la unidad indivisible del pensamiento y la realidad
- la unidad indivisible de la energía y la materia.
Nuestra esencia holista siempre nos ha mantenido unidos en un perpetuo diálogo a todo cuanto existe en las tres pachas o mundos que componen el AYLLU cósmico que son: La sallka o naturaleza (Ucku Pacha), los runas, nosotros (Kay Pacha) y las wakas o divinidades (Hanan Pacha).
Amuletos e imágenes a los que la tradición popular atribuye un poder benéfico o sanador.
Particularmente curiosa resulta la proliferación de prácticas supersticiosas, como la creencia en presagios o sueños premonitorios, el temor infundado a ciertos animales y la aversión a un color o número determinados en las naciones modernas y civilizadas, donde la tecnología y la ciencia ocupan un lugar destacado. Lo cierto es que tales prácticas, pese a su evidente carencia de objetividad y fundamento científico, constituyen una presencia constante en la vida diaria.
Una concepción más antropológica es aquella que dice que la superstición constituye por lo general una manifestación de temor del hombre frente a lo desconocido o a las fuerzas naturales que lo rodean y no consigue dominar. Para muchos individuos representa un sustitutivo irracional de la religión.
En los pueblos primitivos estaba íntimamente unida a las prácticas mágicas y de hechicería, destinado a lograr la benevolencia de las fuerzas oscuras e inanimadas de los que cercaban.
Muchas de estas manifestaciones han sobrevivido hasta nuestros días, filtrándose solapadamente por entre los elementos racionales que caracterizan la civilización actual.

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