Ritos y Costumbres

La Virgen de la Candelaria

Humahuaca celebra el 2 de febrero la fiesta en honor de la virgen de la candelaria, patrona de la ciudad y de la Prelatura de humahuaca.
En los días anteriores se realiza la novena. En la víspera, o sea el día 1 de febrero, después de rezar en el templo, la gente se reúne alrededor de la plaza que está al frente de la iglesia y espera la salida del torito.
Fuegos artificiales iluminan el cielo y, por momentos las bombas de estruendo hacen vibrar el alma. La hora se aproxima, las calles que rodean la plaza se despejan y la gente forma cordones en las aceras. Las risas y exclamaciones indican que, en un extremo ha aparecido el torito y se dirige a saludar a la virgen de la candelaria, para luego iniciar su danza. Luego se encienden los cohetes y el torito inicia su baile. Es una antigua tradición donde un muchacho se recubre con una caparazón que tiene la forma de toro recubierta con cohetes. Al ser encendidos, el toro avanza dando saltos por la calzada, imitando amenazar a los concurrentes con sus astas. Los cohetes explotan con gran estruendo causando el desbande de la gente. Terminadas las explosiones, se retira el torito en un silencio que contrasta con su aparición. Ha terminado el baile, la gente se retira satisfecha a sus hogares.
Este baile ritual simboliza el fruto de una bella y poética creencia.
Cuenta la leyenda que la virgen de la candelaria fue encontrada hace muchísimos años en el centro de una lagunita. La imagen se encontraba parada sobre una cabeza de toro, los indios que habitaban cerca del lugar la llevaron donde ellos vivían para venerarla y profesarle su fe. Al día siguiente notaron con gran asombro la desaparición de la imagen. Después de una búsqueda infructuosa se dirigieron al lugar donde había sido hallada. En medio de la laguna, con su belleza candorosa relucía la virgen de la candelaria.
Varias veces intentaron sacarla de ese lugar y otras tantas retornó la virgen a su trono de agua. La cabeza de toro seguía sosteniéndola en su dureza ósea. Los aborígenes comprendiendo los deseos de la virgen, construyeron un templo después de desagotar la laguna.
El día de la fiesta se realiza numerosas misas y luego de la celebración solemne tiene lugar la procesión con la imagen de la virgen venerada. Luego de la procesión la virgen es llevada al altar. Los sikuris que la acompañaron con su música durante todo el recorrido, de rodillas entran en el templo a recibir su bendición.
Concluidos los oficios religiosos, la gente se vuelca a la feria a saborear sabrosos platos regionales y beber la chicha fresca para quitar la sed y el cansancio.

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